No tiene sentido continuar con la encuesta actual, pues ha quedado patente que mayoritariamente ustedes prefieren tener la capacidad de emitir luz antes que cualquiera de las propuestas enunciadas (Al pinchar sobre la palabra Montgomery podrán visualizar los resultados: Montgomery). Hagamos una pausada reflexión porque no me entra en la cabeza lo que veo. La capacidad de emitir luz es, innegablemente, una mejora considerable, pero tengan en cuenta el siglo en el que viven y verán cómo tal propiedad se quedaría en una gracieta de bar obsoleta a los pocos meses. Hay electricidad. Por lo menos en la provincia de Soria la hay. La victoria de la luz me deja perplejo y espanta la esperanza que todavía pudiera albergar en este mundo. ¡Había una casilla para optar por una articulación de 360º en los codos! ¡¡360!! Vaciarían estadios llenos por conciertos de Shakira sólo con colgar un cartel en el bar de al lado que anunciara un espectáculo de tambor en 3D, ¿no lo ven? Y eso sin contar mi opción favorita: bolsillos abdominales. Lo que supondría tener bolsillos en el abdomen sólo es comparable a ser Dios. Dios con mayúsculas. Llaves, galletas, monedas,... todo guardado y calentito en sus propios bolsillos abdominales. No voy a insistir en la grandeza de los bolsillos, algo que ya fue discutido en los comentarios de un post anterior.
Propongo ahora una nueva encuesta. Esta vez vamos a entrar en un tema un poco más serio. ¿Persona previsible es sinónimo de persona libre? Esto es, ¿la persona previsible demuestra una fijación de sus elecciones y con ello que ha acertado con el uso de su libertad, o por el contrario sólo la persona que constantemente toma decisiones adaptadas a cada circunstancia puede jactarse de vivir libremente? ¿El previsible ha sabido modelar su entorno a su gusto y disfruta libremente de ello o es preciso abrir la puerta a la incertidumbre para poder escoger y demostrarse a uno mismo que sigue con la libertad intacta? ¿La previsibilidad es un logro o un callejón? Voten, se lo pido. La encuesta se encuentra en la columna de su derecha.
Cambiando de tema, acabo de escribir un knol (aquí está). Estoy muy orgulloso de lo bonito que ha quedado, y es por ello por lo que les propongo que se hagan una foto abrazando el monitor de su ordenador emitiendo la página de dicho knol y que la compartan con todos nosotros. La foto más original se llevará un premio importante: una poesía hecha por mí bajo la forma de un lipograma en la que sólo usaré consonantes y la vocal "e", la cual versará sobre el tema que me asigne el ganador. Si sólo hay una fotografía, ésa será la ganadora (pocas veces habrán participado en un concurso con tantas oportunidades de ganar).
Y ya para concluir, quiero compartir con ustedes un suceder. Hay un programa de televisión por la tarde en el que un joven dispone de un conjunto de mujeres para quedar con ellas y luego elegir la que más le convence para quedársela. También tiene la versión conjunto de muchachos para una señorita. En mi círculo este programa ha sido denominado El Gallinero, aunque supongo que tendrá otro nombre incomprensiblemente más respetuoso con los concursantes. Lo que quería decirles es que el otro día le presentaron a una joven su grupo de admiradores y dijo en voz alta: "parecen monos". Los muchachos sonrieron de manera afeminada y yo tardé unos segundos en entender mi confusión.
martes 21 de abril de 2009
Luces y libertades, elefantes y gallinas
Publicado por Airos a eso de las 00:56
Etiquetas: demoscopia, elefantes, knol, libertad, Razonamiento soriano, Televisión
viernes 13 de marzo de 2009
Pesadilla
La pesadilla de Jacinto siempre había sido la perspectiva de tener que realizar una tarea inabarcable. En los recuerdos de aquellas noches sudorosas se mezclaba la imagen de manos sobredimensionadas recogiendo arena a pellizcos, con otra en la que se presentaba un terreno sobre el cual edificar una casa. Él no caía por un precipicio, ni luchaba desnudo contra fieras, él tenía su terrible combinación de manos gigantes más construcción.
-Sí, parece una gilipollez, ¿eh? Pero hay que tener en cuenta que la casa se tiene que terminar en ese mismo sueño y no se construye sola -nos comenta Jacinto.
La casa esperaba tan impaciente como inexistente a que Jacinto la levantara. Jacinto en sus sueños debía realizar todo el trabajo sin ayuda. Sin conocimientos de albañilería, intuía que debía dejar espacios en las paredes para que pasaran cables y tuberías, pero ¿cómo? Un omnipresente “cómo” era su única respuesta para todo. También le detenía la falta de materiales apropiados. Sólo estaba él, en medio de un solar, sin herramientas, con la necesidad de levantar una casa. El mayor sufrimiento venía con la indecisión de por dónde empezar.
-No exactamente. Yo sé que tengo que empezar haciendo agujeros en el suelo para introducir algún tipo de cimiento. Como no tengo nada, me planteo fabricar los cimientos con la tierra que consiguiese sacar del propio suelo. Cimientos de suelo. Entonces me paraliza la sensación de estar realizando un trabajo estúpido y vuelvo a pararme a pensar qué hacer entonces -corrige Jacinto.
Dado que el primer paso era excavar el suelo para consolidar unos cimientos era aquí donde aparecía la segunda parte de la pesadilla. Manos gigantescas que fracasan al retirar la tierra porque ésta se escurre entre los dedos.
-No. No. Que va. Se lo iba a decir antes y se me ha pasado. Lo de la mano gigante, la mano, que nos son dos manos sino una, no es así. La sensación es la de tener que construir algo delicado con una mano, que aun siendo mía, es enorme y viene del cielo. A ver, es que es un poco confuso. Por ejemplo, imagínese una mano ciega que surge de entre las nubes y tiene que atornillar unos cables a una clema de las pequeñitas -interrumpe Jacinto.
La tarea era angustiosa por la imposibilidad de llevarla a cabo. Los infértiles segundos se sentían pasar febrilmente mientras la parcela seguía intacta. Incomprensiblemente el sueño pasaba a otro estadio en el que Jacinto ya tenía tareas pues podía trabajar con cables pero sus manos gigantes no eran capaces.
-Y que no tengo destornillador -aporta casi oportunamente Jacinto.
De nuevo la necesidad de herramientas agudizaba la desesperación. Una desesperación que ya era insufrible por carecer de conocimientos de fontanería, electricidad, carpintería, ...
-Con mi cuñado alguna vez he hecho alguna chapucilla, ¿sabe?, pero es que hablamos de una casa completa. Además, en los sueños todo es más extraño. Lo que ha dicho usted antes, ¿cómo demonios hago una pared que dentro tenga huecos para cables y tuberías? ¿Y la caca? Cuando se tira de la cadena en un servicio ¿por dónde va la caca?, ¿también entre las paredes? Es que hay que pensarlo todo muy bien -vuelve a interrumpir Jacinto, el cual no se da cuenta de lo que cuesta coger una inercia al intentar relatar una historia que ni siquiera ha sido idea del escritor abordar.
Sin nada y sin poder hacer nada delante de una necesidad que lo aturdía, Jacinto sufría vértigo.
-Vértigo no tengo -rebuzna Jacinto.
-¡Me refiero a vértigo existencial, angustia metafísica! ¡Si no me interrumpiera por cualquier cosa se hubiera dado cuenta!
-Perdón -se disculpa Jacinto con ese tono tan alejado del arrepentimiento real que llega a irritar. Pasados unos segundos supongo que añadirá- ¿dónde va?
Publicado por Airos a eso de las 17:57
Etiquetas: Angustias, Construcción, Historietas, Manos, Pesadilla, Razonamiento soriano, Relato, sueño
miércoles 1 de octubre de 2008
Lavabo
En muchas ocasiones el significado de las palabras se corresponde con su fonética. Un ejemplo de esto lo encontramos en la palabra "zapato". ¿Qué otra cosa podría ser un zapato en vez de un «calzado que no pasa del tobillo, con la parte inferior de suela y lo demás de piel, fieltro, paño u otro tejido, más o menos escotado por el empeine»? La palabra zapato suena a eso, a zapato.
Por otro lado tenemos palabras que a pesar de no sonar a lo que significan, bien es cierto que no producen un especial chirrido al ser utilizadas. Aquí el ejemplo podría ser "cachorro". Fonéticamente, un cachorro debería ser algo que si choca contigo te mata, o por lo menos te hace mucho daño, porque lleva mucha fuerza. Podría ser una especie de tornado o un camión imprudente. Pero no, un cachorro es una cría de mamífero y me aventuro a puntualizar que lleva connotaciones de monería.
Ahora bien, nos queda un tercer caso. Hay palabras en las que no es que no cuadre la fonética con el significado, es que se encuentran a años luz. Y no sólo eso, es que además duele ver cómo se usan por lo evidente que resulta la abominable confrontación entre lo que se quiere decir y lo que realmente sale de la boca de uno. El caso más claro de este último tipo es la palabra "lavabo". Un lavabo debería ser un reptil de río, parecido en la forma al oso hormiguero, pero cubierto de pequeñas escamas. La-va-bo. No podría ser otra cosa. Los documentales de animales deberían hablar del lavabo por lo menos en uno de cada cinco programas dedicados a Oceanía. "Aquí vemos a este ejemplar adulto de lavabo en actitud recelosa por la presencia de las cámaras". "Los huevos del lavabo, semejantes a los del avestruz, eclosionan a los 60 días". "Los lavabos, que pueden llegar a medir dos metros, se alimentan de insectos y pequeños roedores". Pero no, por lo visto un lavabo es una «pila con grifos y otros accesorios que se utiliza para lavarse». ¿Un lavabo es una pila con grifos? No tiene sentido alguno. Es como si se usara la palabra "obús" para referirse a la delgadez y "cigarrito" para referirse a la obesidad.
Aclarado esto les insto a participar en la nueva encuesta de octubre: ¿Qué vida les hubiera gustado seguir? Las votaciones se encuentran en la columna de la derecha a no ser que se encuentren ustedes, o sus monitores, boca abajo.
Publicado por Airos a eso de las 01:23
Etiquetas: Lavabo, Lenguaje, Razonamiento soriano
domingo 18 de mayo de 2008
Verlicuit
Querida audiencia, hoy es un gran día. No sólo sabemos que el CD Numancia será equipo de 1ª división la temporada que viene, también hemos de celebrar que Paquito nos trae un texto.
El relato que viene a continuación es, en palabras de su autor, «tan transparente que me extraña que la realidad no lo sea también». De alguna manera, el texto ayuda a comprender su nueva misiva en Cartas de Lucía y Conrado.
Ocurrió en Verlicuit
… y por fin ocurrió. La cantidad de combustibles, biocombustibles y lactocombustibles restantes en el planeta estaba cuantificada, y se preveía su agotamiento para mediados de julio de ese mismo año. Los habitantes de La Tierra ya eran conscientes de este problema y habían ido adaptando sus formas de vida, renunciando paulatinamente a sus medios de transporte, la calefacción, la tostadora y la televisión. En realidad eran conscientes hace tiempo de que debían renunciar a todo, y curiosamente lo que más les dolió fue desprenderse de la televisión. Pero había un plan B.
A pocos años luz de La Tierra estaba el planeta Verlicuit. Por supuesto, éste no era el nombre exacto del planeta, pero los seres humanos lo pronunciaban más o menos así. En él habitaban unos seres a los que se llamó “los verlicuit”. Los verlicuit eran seres un poco más grandes que los seres humanos. Tenían un cuerpo esponjoso, y si les apretabas desprendían una mucosa de olor desagradable. Su sistema de visión se basaba en unos órganos parecidos a unos dientes podridos, y estaban ubicados precisamente donde los seres humanos tenían los dientes. Les encantaba aplaudir y tratar de escuchar si los aplausos tenían eco, aunque paradójicamente aplaudían fatal. Eran una especie tranquila, con un alto valor de la amistad y que disfrutaba de la vida sencilla. Además, se meaban de la risa (en sentido literal, puesto que excretaban mucosa si se reían mucho) cuando un ser humano hacía muecas con la cara. Su favorita era la de bajarse la piel que queda por debajo de los ojos con una mano, mientras con la otra te subes la nariz. A esta mueca la llamaban “la mueca más chistosa”.
Desde que se conoció el problema de la reserva de combustibles, los seres humanos habían ido trasladándose escalonadamente al planeta Verlicuit para iniciar una nueva vida. Todos tenían instrucciones precisas acerca de la clase de vida de los verlicuit, sus costumbres y sus aficiones. Reproducimos a continuación una conversación entre 2 verlicuit que refleja muy bien la acogida que tuvieron los seres humanos:
Parece que has conocido a un ser humano.
Sí, y es muy gracioso. Está todo el día haciendo muecas, y le encanta abrazarme.
Qué bien. Me alegro un montón.
Y yo que pensé que me iba a quedar para vestir santos…
Los seres humanos fueron asentándose lentamente en su nuevo planeta, entablando relaciones con los verlicuit y participando de su vida en sociedad. Además, los verlicuit tenían combustibles, electricidad y televisión. La convivencia con ellos era agradable y valía la pena hacer un pequeño esfuerzo por conocerles. La escena que reproducimos a continuación tiene lugar en el salón de la casa de un verlicuit, que recientemente había conocido a un ser humano:
V: Ya estoy en casa
S.H: ¡Hola! ¿Qué tal ha ido el trabajo?
V: Bien, más o menos bien
S.H: grrlllññññslllñññ…
V: jajajajajaajajajajajajajajajajaja…. ay… para… qué mueca más graciosa…
S.H: ¿te gusta? Pues mira ésta: grrlrrllllmsmsmss…
V: aaaaajajajajajajajajajaja… para, por favor… qué risa
S.H: ¿que pare? ¿quieres que pare? Pues toma: ggrrllllmsmsmsssssmmmñññññññ…
V: aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajajajajajajajajajajaja… eres genial, de verdad.
Los seres humanos habían encontrado una segunda oportunidad, y eran muy felices. Disfrutaban haciendo reír a los verlicuit, y en medio de la dicha que les otorgaba un nuevo planeta repleto de recursos se esmeraban en hacer la vida más agradable a la especie que tan generosamente les habían acogido. Los verlicuit, por su parte, estaban encantados, como se aprecia en el siguiente extracto:
¿Qué es de tu vida, que hace mucho que no te veo el pelo?
Ay, ay… qué risa. Es que estoy casi todo el día con aquel ser humano que te conté
Qué bien. Me alegro un montón.
Está todo el día haciendo muecas. Incluso la mueca más chistosa me hace.
Eso es genial. No me importa verte tan poco si sé que eres feliz.
Soy la mar de feliz, la verdad. Y yo que pensé que me iba a quedar para vestir santos…
Los seres humanos fueron introduciéndose poco a poco en todos los estratos de la sociedad. Al principio eran algo torpes, ya que nunca habían manejado una tecnología como aquella, pero eran tan capaces como el que más una vez asumían los procedimientos de cada tarea. Además, a través de la televisión les llegaban mensajes con instrucciones precisas para adaptarse mejor a la vida en Verlicuit. Los mensajes eran de este tipo:
“Practica un poco de mueca cada día y lograrás que tu piel se ablande y se adapte a las mejores muecas. 15 minutos al día puede ser suficiente. Y si no, prueba este gel ablandador de piel. Recuerda: tus dedos mandan, no tu piel”.
A medida que el ser humano fue ganando competencias en Verlicuit se hizo más independiente, y la necesidad de satisfacer a los verlicuit era menos acuciante. No se podía calificar de desprecio, pero… ¿a quién le gusta que le observen fijamente a través de unos dientes podridos? La siguiente conversación hubiera sido captada por dos transeúntes si la ventana de la cocina frente a la que pasaban en aquel instante hubiera estado abierta:
V: Hola, ser humano. Estabas aquí.
S.H: Sí.
V: No te encontraba
S.H: Es que estaba fuera, briznando el riste viejo.
V: Oh, no te preocupes, podía haberlo briznado yo.
S.H: Qué tontería. Lo he visto ahí y lo he briznado, qué más dará.
V: Haz alguna mueca
S.H: No, qué coñazo con las muecas…
V: Anda, haz una mueca, que sabes que me encanta.
S.H: Qué pesao… luego te hago una, pero ahora no.
V: ¿Me estrujas un poco?
S.H: No, qué asco.
Y así fue ocurriendo con muchas de las grandes amistades que habían surgido en seres humanos y verlicuits.
Algunos de los seres humanos eran ya personajes conocidos que incluso salían en televisión y en revistas. A menudo salían poniendo miles de muecas, haciendo reír a la mitad del planeta con la gran mueca y levantando suspiros entre los verlicuit con afirmaciones como “Me encanta poner muecas”, “Me pasaría el día poniendo muecas, no puedo parar”, o “Adoro estrujar verlicuits e inhalar su mucosa”. Estas afirmaciones, por supuesto, eran puestas en entredicho por la inmensa mayoría de los seres humanos. Uno de los comentarios más asiduos ante este tipo de comportamientos era el de “Tal vez le guste oler mucosas, quién sabe, pero ya me extrañaría. Tal vez diga esas cosas para hacerse popular”.
Con el paso del tiempo, muchas de las relaciones de convivencia entre especies dejaron de tener sentido. Los verlicuits entendieron que a los seres humanos no les entusiasmaba demasiado estar todo el día poniendo muecas. Verlicuits y seres humanos se despedían a menudo con conversaciones de este tipo.
S.H: me he comprado un piso en el centro, me voy esta tarde a vivir ahí.
V: Qué bien. Me alegro un montón.
S.H: Es que estaba un poco cansado de esto…
V: Ya, ya te he visto. Siento haber sido tan pesado.
S.H: Qué va, todo lo contrario. Nunca te agradeceré lo suficiente lo bien que te has portado conmigo.
V: Ni yo a ti las risas que me has hecho pasar.
S.H: Hemos tenido buenos momento, ¿eh?
V: Joer, lo hemos pasado en grande. Espero que volvamos a vernos pronto.
S.H: Eso no lo dudes.
V: Llámame un día y quedamos para tomar mezclina.
S.H: Anda, qué dices, eso no es quedar ni es nada. Este finde te recojo y hacemos una barbacoa como dios manda.
V: ¿Quién es dios?
S.H: Te lo cuento en la barbacoa.
V: Ven aquí, cabronazo. Te voy a echar de menos.
S:H: Me vas a hacer llorar, mamón. Eres el mejor. Ahora podrás ver tranquilo el programa ése de muecas que tanto te gusta
V: Es que me parto de risa. No entiendo cómo no te gusta.
S.H: Ya ves. Oye, cuídate mucho, ¿eh?. Y gracias por todo.
V: Igualmente. ¡Ve con cuidado! ¡Nos vemos!
martes 13 de mayo de 2008
Salmón
Algunas cosas marchan bien. Progresan. Se corrigen los errores. Otros asuntos están mal y todo apunta a que no van a cambiar. Luego hay casos en lo que no podría decirse que la cosa esté mal del todo, pero que una mejora vendría estupendamente. Vamos a ver tres ejemplos clarísimos para demostrarlo.
Un problema que teníamos, y estamos poco a poco dejando atrás, son los nombres terroríficos de algunas mujeres. Ya casi ninguna se llama Soledad, Dolores o Angustias. Era una cosa triste que se ha enmendado. Ahora los jardines de infancia y los colegios contienen nombres un poco más alegres. ¿Se pueden ustedes imaginar a una viejecita llamada Angustias de niña? Yo no puedo. Me imagino un cuerpo de niña con cara de señora mayor. Menos mal que se ha solucionado, porque la cosa estaba yendo por un camino muy peligroso en el que las compañeras de nuestras hijas podrían llegar a llamarse Accidente, Abatida o Desvanecimiento.
Como ejemplo de algo que está mal, y que no se le ve un final, es la manía de usar actores famosos para hacer anuncios. Cuando las empresas quieren vender mejor sus productos deberían contratar a personas que puedan conseguir convencernos como si sólo quisieran aconsejarnos. Muchos contratan actores desconocidos para la tarea, pero los hay que no. Los hay que contratan actores conocidos, y esto conlleva desconfianza. Si todos sabemos que son actores, somos conscientes de que esas personas se ganan la vida interpretando un papel y escenificando sentimientos que realmente no sienten. Un actor está capacitado para hacernos creer lo que no existe y esto lo sabemos, por lo que no tiene sentido que busquen la empatía en cosas tan personales como la compra que debemos realizar.
Por último, algo que no está mal pero podría estar mejor. Conducir nuestro coche escuchando música es algo a lo que nos hemos acostumbrado y a lo que no exigimos más. Vamos en el coche cantando nuestras canciones preferidas tan ricamente. Pero aquí les presento la mejora que parece que no se le ha ocurrido a nadie. ¿Por qué no hacen un sistema que haga que la voz del cantante suelte un gallo cuando hay un bache? ¿No estábamos cantando juntos? La música es una experiencia muy personal cuando la letra nos gusta. Sentimos estar haciendo un dúo junto a nuestro artista mimado. Pero cada bache es un bofetón de realidad, una especie de "chaval, que estás solo en la carretera". A cualquier cantante le trastocaría la voz un bache a 100 km/h, por lo que no es tontería exigir una tecnología que ayude a esta comunión musical.
Publicado por Airos a eso de las 14:26
Etiquetas: Actores, Angustias, Coches, Música, Publicidad, Razonamiento soriano


