domingo 18 de mayo de 2008

Verlicuit

Querida audiencia, hoy es un gran día. No sólo sabemos que el CD Numancia será equipo de 1ª división la temporada que viene, también hemos de celebrar que Paquito nos trae un texto.

El relato que viene a continuación es, en palabras de su autor, «tan transparente que me extraña que la realidad no lo sea también». De alguna manera, el texto ayuda a comprender su nueva misiva en Cartas de Lucía y Conrado.


Ocurrió en Verlicuit

… y por fin ocurrió. La cantidad de combustibles, biocombustibles y lactocombustibles restantes en el planeta estaba cuantificada, y se preveía su agotamiento para mediados de julio de ese mismo año. Los habitantes de La Tierra ya eran conscientes de este problema y habían ido adaptando sus formas de vida, renunciando paulatinamente a sus medios de transporte, la calefacción, la tostadora y la televisión. En realidad eran conscientes hace tiempo de que debían renunciar a todo, y curiosamente lo que más les dolió fue desprenderse de la televisión. Pero había un plan B.

A pocos años luz de La Tierra estaba el planeta Verlicuit. Por supuesto, éste no era el nombre exacto del planeta, pero los seres humanos lo pronunciaban más o menos así. En él habitaban unos seres a los que se llamó “los verlicuit”. Los verlicuit eran seres un poco más grandes que los seres humanos. Tenían un cuerpo esponjoso, y si les apretabas desprendían una mucosa de olor desagradable. Su sistema de visión se basaba en unos órganos parecidos a unos dientes podridos, y estaban ubicados precisamente donde los seres humanos tenían los dientes. Les encantaba aplaudir y tratar de escuchar si los aplausos tenían eco, aunque paradójicamente aplaudían fatal. Eran una especie tranquila, con un alto valor de la amistad y que disfrutaba de la vida sencilla. Además, se meaban de la risa (en sentido literal, puesto que excretaban mucosa si se reían mucho) cuando un ser humano hacía muecas con la cara. Su favorita era la de bajarse la piel que queda por debajo de los ojos con una mano, mientras con la otra te subes la nariz. A esta mueca la llamaban “la mueca más chistosa”.

Desde que se conoció el problema de la reserva de combustibles, los seres humanos habían ido trasladándose escalonadamente al planeta Verlicuit para iniciar una nueva vida. Todos tenían instrucciones precisas acerca de la clase de vida de los verlicuit, sus costumbres y sus aficiones. Reproducimos a continuación una conversación entre 2 verlicuit que refleja muy bien la acogida que tuvieron los seres humanos:

  • Parece que has conocido a un ser humano.

  • Sí, y es muy gracioso. Está todo el día haciendo muecas, y le encanta abrazarme.

  • Qué bien. Me alegro un montón.

  • Y yo que pensé que me iba a quedar para vestir santos…

Los seres humanos fueron asentándose lentamente en su nuevo planeta, entablando relaciones con los verlicuit y participando de su vida en sociedad. Además, los verlicuit tenían combustibles, electricidad y televisión. La convivencia con ellos era agradable y valía la pena hacer un pequeño esfuerzo por conocerles. La escena que reproducimos a continuación tiene lugar en el salón de la casa de un verlicuit, que recientemente había conocido a un ser humano:

  • V: Ya estoy en casa

  • S.H: ¡Hola! ¿Qué tal ha ido el trabajo?

  • V: Bien, más o menos bien

  • S.H: grrlllññññslllñññ…

  • V: jajajajajaajajajajajajajajajajaja…. ay… para… qué mueca más graciosa…

  • S.H: ¿te gusta? Pues mira ésta: grrlrrllllmsmsmss…

  • V: aaaaajajajajajajajajajaja… para, por favor… qué risa

  • S.H: ¿que pare? ¿quieres que pare? Pues toma: ggrrllllmsmsmsssssmmmñññññññ…

  • V: aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajajajajajajajajajajaja… eres genial, de verdad.

Los seres humanos habían encontrado una segunda oportunidad, y eran muy felices. Disfrutaban haciendo reír a los verlicuit, y en medio de la dicha que les otorgaba un nuevo planeta repleto de recursos se esmeraban en hacer la vida más agradable a la especie que tan generosamente les habían acogido. Los verlicuit, por su parte, estaban encantados, como se aprecia en el siguiente extracto:

  • ¿Qué es de tu vida, que hace mucho que no te veo el pelo?

  • Ay, ay… qué risa. Es que estoy casi todo el día con aquel ser humano que te conté

  • Qué bien. Me alegro un montón.

  • Está todo el día haciendo muecas. Incluso la mueca más chistosa me hace.

  • Eso es genial. No me importa verte tan poco si sé que eres feliz.

  • Soy la mar de feliz, la verdad. Y yo que pensé que me iba a quedar para vestir santos…

Los seres humanos fueron introduciéndose poco a poco en todos los estratos de la sociedad. Al principio eran algo torpes, ya que nunca habían manejado una tecnología como aquella, pero eran tan capaces como el que más una vez asumían los procedimientos de cada tarea. Además, a través de la televisión les llegaban mensajes con instrucciones precisas para adaptarse mejor a la vida en Verlicuit. Los mensajes eran de este tipo:

“Practica un poco de mueca cada día y lograrás que tu piel se ablande y se adapte a las mejores muecas. 15 minutos al día puede ser suficiente. Y si no, prueba este gel ablandador de piel. Recuerda: tus dedos mandan, no tu piel”.

A medida que el ser humano fue ganando competencias en Verlicuit se hizo más independiente, y la necesidad de satisfacer a los verlicuit era menos acuciante. No se podía calificar de desprecio, pero… ¿a quién le gusta que le observen fijamente a través de unos dientes podridos? La siguiente conversación hubiera sido captada por dos transeúntes si la ventana de la cocina frente a la que pasaban en aquel instante hubiera estado abierta:

  • V: Hola, ser humano. Estabas aquí.

  • S.H: Sí.

  • V: No te encontraba

  • S.H: Es que estaba fuera, briznando el riste viejo.

  • V: Oh, no te preocupes, podía haberlo briznado yo.

  • S.H: Qué tontería. Lo he visto ahí y lo he briznado, qué más dará.

  • V: Haz alguna mueca

  • S.H: No, qué coñazo con las muecas…

  • V: Anda, haz una mueca, que sabes que me encanta.

  • S.H: Qué pesao… luego te hago una, pero ahora no.

  • V: ¿Me estrujas un poco?

  • S.H: No, qué asco.

Y así fue ocurriendo con muchas de las grandes amistades que habían surgido en seres humanos y verlicuits.

Algunos de los seres humanos eran ya personajes conocidos que incluso salían en televisión y en revistas. A menudo salían poniendo miles de muecas, haciendo reír a la mitad del planeta con la gran mueca y levantando suspiros entre los verlicuit con afirmaciones como “Me encanta poner muecas”, “Me pasaría el día poniendo muecas, no puedo parar”, o “Adoro estrujar verlicuits e inhalar su mucosa”. Estas afirmaciones, por supuesto, eran puestas en entredicho por la inmensa mayoría de los seres humanos. Uno de los comentarios más asiduos ante este tipo de comportamientos era el de “Tal vez le guste oler mucosas, quién sabe, pero ya me extrañaría. Tal vez diga esas cosas para hacerse popular”.

Con el paso del tiempo, muchas de las relaciones de convivencia entre especies dejaron de tener sentido. Los verlicuits entendieron que a los seres humanos no les entusiasmaba demasiado estar todo el día poniendo muecas. Verlicuits y seres humanos se despedían a menudo con conversaciones de este tipo.

  • S.H: me he comprado un piso en el centro, me voy esta tarde a vivir ahí.

  • V: Qué bien. Me alegro un montón.

  • S.H: Es que estaba un poco cansado de esto…

  • V: Ya, ya te he visto. Siento haber sido tan pesado.

  • S.H: Qué va, todo lo contrario. Nunca te agradeceré lo suficiente lo bien que te has portado conmigo.

  • V: Ni yo a ti las risas que me has hecho pasar.

  • S.H: Hemos tenido buenos momento, ¿eh?

  • V: Joer, lo hemos pasado en grande. Espero que volvamos a vernos pronto.

  • S.H: Eso no lo dudes.

  • V: Llámame un día y quedamos para tomar mezclina.

  • S.H: Anda, qué dices, eso no es quedar ni es nada. Este finde te recojo y hacemos una barbacoa como dios manda.

  • V: ¿Quién es dios?

  • S.H: Te lo cuento en la barbacoa.

  • V: Ven aquí, cabronazo. Te voy a echar de menos.

  • S:H: Me vas a hacer llorar, mamón. Eres el mejor. Ahora podrás ver tranquilo el programa ése de muecas que tanto te gusta

  • V: Es que me parto de risa. No entiendo cómo no te gusta.

  • S.H: Ya ves. Oye, cuídate mucho, ¿eh?. Y gracias por todo.

  • V: Igualmente. ¡Ve con cuidado! ¡Nos vemos!

martes 13 de mayo de 2008

Salmón

Algunas cosas marchan bien. Progresan. Se corrigen los errores. Otros asuntos están mal y todo apunta a que no van a cambiar. Luego hay casos en lo que no podría decirse que la cosa esté mal del todo, pero que una mejora vendría estupendamente. Vamos a ver tres ejemplos clarísimos para demostrarlo.

Un problema que teníamos, y estamos poco a poco dejando atrás, son los nombres terroríficos de algunas mujeres. Ya casi ninguna se llama Soledad, Dolores o Angustias. Era una cosa triste que se ha enmendado. Ahora los jardines de infancia y los colegios contienen nombres un poco más alegres. ¿Se pueden ustedes imaginar a una viejecita llamada Angustias de niña? Yo no puedo. Me imagino un cuerpo de niña con cara de señora mayor. Menos mal que se ha solucionado, porque la cosa estaba yendo por un camino muy peligroso en el que las compañeras de nuestras hijas podrían llegar a llamarse Accidente, Abatida o Desvanecimiento.

Como ejemplo de algo que está mal, y que no se le ve un final, es la manía de usar actores famosos para hacer anuncios. Cuando las empresas quieren vender mejor sus productos deberían contratar a personas que puedan conseguir convencernos como si sólo quisieran aconsejarnos. Muchos contratan actores desconocidos para la tarea, pero los hay que no. Los hay que contratan actores conocidos, y esto conlleva desconfianza. Si todos sabemos que son actores, somos conscientes de que esas personas se ganan la vida interpretando un papel y escenificando sentimientos que realmente no sienten. Un actor está capacitado para hacernos creer lo que no existe y esto lo sabemos, por lo que no tiene sentido que busquen la empatía en cosas tan personales como la compra que debemos realizar.


Por último, algo que no está mal pero podría estar mejor. Conducir nuestro coche escuchando música es algo a lo que nos hemos acostumbrado y a lo que no exigimos más. Vamos en el coche cantando nuestras canciones preferidas tan ricamente. Pero aquí les presento la mejora que parece que no se le ha ocurrido a nadie. ¿Por qué no hacen un sistema que haga que la voz del cantante suelte un gallo cuando hay un bache? ¿No estábamos cantando juntos? La música es una experiencia muy personal cuando la letra nos gusta. Sentimos estar haciendo un dúo junto a nuestro artista mimado. Pero cada bache es un bofetón de realidad, una especie de "chaval, que estás solo en la carretera". A cualquier cantante le trastocaría la voz un bache a 100 km/h, por lo que no es tontería exigir una tecnología que ayude a esta comunión musical.

miércoles 2 de abril de 2008

Hagan cola

La miniencuesta de marzo, con tan sólo un 1% de pendiente, ha arrojado unos resultados muy cercanos a la realidad, pero afortunadamente no ha dado a nadie. Volvamos este mes a las encuestas locas.

Leí en un libro, muy popular en internet, lo siguiente:

Resulta que más del 60 % de los genes humanos son básicamente los mismos que se encuentran en las moscas de la fruta. El 90 %, como mínimo, se corresponde en cierto modo con los que se encuentran en los ratones; tenemos incluso los mismos genes para hacer una cola, bastaría activarlos. Los investigadores descubrieron bla bla bla...
Los seres humanos, señora, siéntese antes de seguir leyendo, tenemos los genes precisos para desarrollar una cola. ¡Una cola! ¿No lo ven? Podríamos tener un rabo ahí detrás, como los canguros, los perros o los monos. Una cola como la de los pavos reales ya sería demasiado pedir.

Por lo que cuenta el señor Bryson en su libro, los genetistas podrían activar esos genes. ¿Por qué no lo hacen ya mismo?, ¿no les gustaría un mundo de seres humanos con cola? La encuesta de este mes, como pueden ver en la columna de la derecha, les insta a opinar acerca de la ilusión que les haría poseer rabo. Su propio rabo.

Antes de ponerse a votar como locos descerebrados, veamos los pros y los contras de tener cola.

Entre las ventajas más destacadas, la más importante sería el porte. Andar por la calle luciendo una cola elevaría la belleza de todo paseo. Pero no sólo beneficiaría estéticamente, también nos dotaría de mayor equilibrio ante eventuales tropiezos (aquellos que tuvieran una cola larga y vigorosa, podrían incluso caer siempre de pie), y mejoraría la práctica de todos los deportes existentes, excepto el salto de altura y con pértiga. También ayudaría a detectar estados de ánimo, al poder comprobar si una persona mueve el rabo, o por el contrario lo esconde entre las piernas. Otra ventaja sería la dificultad que tendrían los violadores para forzar un coito no consentido. Y todo esto sin querer hablar de lo graciosas que serían las bromas en los ascensores.

Pero no todo van a ser mejoras. Tener rabo supondría la sustitución de muchas sillas, sofás y asientos de vehículos. Las bicicletas serían más peligrosas, al poder introducirse éste en la cadena o entre los radios. Los escolares podrían meterse con aquel que tuviera el rabo despeluchado, retorcido, o simplemente débil. Habría que dedicar tiempo a lavarlo, peinarlo y desenredarlo. Y encima tendríamos que comprar "coleras" para los días de mucho frío.

La encuesta durará todo el mes de abril y podrán votar diariamente. Yo, personalmente, abogo por la activación de dichos genes, pues deseo tener cola. Además, algo me dice que me brotaría una bien bonita, parecida a la que lucen las ardillas, pero más grande.

miércoles 5 de marzo de 2008

Sueño

Y por fin abrió los ojos.

La habitación era muy extraña. El techo y las paredes no existían, y en su lugar giraba despacio una nebulosa blancuzca que acotaba la estancia. No se sentía cansado ni le dolía la cabeza. Pensó que el cansancio, el dolor de cabeza, el de estómago, incluso esguinces y mocos, no tenían ningún sentido. La confusión, sin embargo, sí que estaba presente. Se palpó la piel y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. No era su piel y nunca había dejado de serlo, pero la sentía extraña como un recuerdo olvidado que aparece sin motivo. Quiso explicarse a sí mismo las diferencias que encontraba en su “nueva” piel, pero parámetros como suavidad, dureza o temperatura no era capaz de entenderlos en ese momento.

Un lento vistazo a la sala le introdujo de nuevo en un mundo tan real para él como lo habían sido los sueños mientras soñaba. Se levantó y no podía asimilar su estatura, ¿era más alto de lo que pensaba? Ni siquiera lo sabía. Sus movimientos eran extraños, se sentía muy rápido, explosivo. Se sentía capaz de recorrer 100 metros en un segundo, pero no era capaz de saber lo que eran 100 metros, pues las referencias que podía tomar no las procesaba con claridad. Superando un inexistente vértigo residual decidió avanzar un par de pasos. El concepto de suelo le parecía un sinsentido y en su lugar estaba la misma nebulosa blanca que lo rodeaba todo. El blanco se concentraba rápidamente poco antes de apoyar el pié sobre el pálido vacío.

Un pitido estridente comenzó súbitamente a penetrar en su cerebro. Sus manos taparon mecánicamente unas orejas que no existían. De un deseo inconsciente de tener orejas, éstas brotaron de su cabeza. Con este hecho no disminuyó su confusión ni el pitido. Quiso comprender el significado del pitido y éste se tornó en palabras que entendía sin llegar asimilarlas. Quiso asimilar estas palabras y encontró su significado.

-Todo está bien. ¿Me comprendes? Todo está bien. ¿Me comprendes?

Había podido descifrar un lenguaje que se le antojó tan primordial como su infancia. Antes incluso que eso. Existió antes que su borroso nacimiento, que la formación de las estrellas y que del bing-bang que creía haber estudiado en la universidad. Quiso responder al pitido que ahora era voz y para ello usó palabras que le resonaban a ruido molesto.

-¿Quién me habla? No comprendo nada, ¿dónde estoy?

-Ahora eres realmente tú. Has sido objeto de un sueño dirigido. Así eres tú.- le respondió la voz.

Quiso saber de dónde procedía esa voz, quiso situarla pero todavía no entendía muy bien las nuevas dimensiones del espacio. La voz contestó a sus deseos.

-Necesitas abrir los ojos para poder ver. No puedes ver nada si no abres los ojos.

Era consciente de la apertura de sus ojos pero no veía más que la nebulosa blanca que giraba a su alrededor. Quiso ver más y la sorpresa le hizo caer al repentino suelo. Dónde antes no había nada, ahora se formaba un mundo completo. Veía una habitación, veía objetos, veía personas, veía ventanas, y a través de ellas, veía cómo la nebulosa iba desapareciendo velozmente en la lejanía, salpicando en su retirada estructuras que parecían edificios. Las personas que le rodeaban le resultaban tan familiares como extrañas, pero no pudo contenerse a correr a abrazar a una en concreto, una que repetía emocionada “¡Sefrén, Sefrén!”.

-¡Mamá! ¿Qué me ha pasado? -dijo abrazándola.

La voz que le había guiado en su nuevo despertar se adelantó a la respuesta de su madre.

-Hola Sefrén, soy Menquer, el responsable del proyecto. Has sido sometido a un sueño dirigido en el que hemos creado para ti un mundo ficticio. Ese mundo no existe en realidad, era injusto y cruel. Ahora puedes estar tranquilo. Creerás haberlo vivido 60 años, pero realmente has soñado durante unas pocas horas. Por favor, cuéntanos tus experiencias en el sueño.

-¿Sefrén es mi nombre? ¿No es Juan Carlos, mamá?

-Te llamas Sefrén, hijo mío.- respondió la madre sin dejar de abrazarle.

-Antes de explicarles aquel mundo quiero comprender éste de ahora- exigió a Menquer, al cual empezaba a recordar con más nitidez.

-El mundo real, en el que nunca has dejado de estar, es justo. No hay enfermedades. Te construimos para el sueño un mundo imperfecto por error. Ya has despertado. Todos las personas somos iguales y nadie te oprimirá. Puedes estar tranquilo, lo importante es vivir, pues hay medios para todos. En unas pocas horas serás plenamente consciente de todo lo que te rodea, ahora es normal que te sientas un poco confuso.

-Entonces, ¿no soy Juan Carlos?, ¿no soy el rey de España?

-No existen los reyes, Sefrén,- continuó Menquer-. Cuando asimiles de nuevo la realidad verdadera, comprenderás que es ilógico que una persona disfrute de ventajas con respecto a otras. Creamos un universo demasiado extremo para ti. En ese mundo pudiste ver mucho sufrimiento, pero cálmate, ha sido un sueño.

Ahora se sentía un idiota por haber pensado que toda su vida soñada podría haber sucedido realmente. Un idiota absoluto. ¿Cómo demonios hubieran aceptado aquello sus presuntos congéneres?, ¿cómo podía ser que él no se hubiera dado cuenta de la sinrazón que suponía tamaña diferencia social sin justificación? Y lo que era más frustrante, ¿en ningún momento sospechó de lo inverosímil que era un mundo en el que podías hablar a tiempo real con una persona que se encontraba a miles de kilómetros usando un aparatito con una antenita?

[Este texto es un fragmento de un texto mayor de ciencia ficción en el que llevo ocupado unos meses. Estaba releyéndolo cuando se me ha ocurrido seleccionar este trozo y adaptarlo para darle un nuevo final que hiciera las delicias de grandes y pequeños]

sábado 1 de marzo de 2008

Chicha demoscópica

Queridos lectores desocupados, la encuesta de febrero ha arrojado unos resultados completamente inesperados. Ustedes, con sabia elegancia, han hecho ascender a los altares de la posteridad a María Adelaida de Luxemburgo como reina propagadora de la hemofilia. Ulrica Leonor de Suecia empezó fortísima, abrumadora, pero la luxemburguesa se ha impuesto tras un fantástico sprint. Una pena. Por otro lado, el papel que ha jugado Isabel II de España ha sido lamentable: tan sólo 8 votos ha recibido la mujer responsable de la creación de la Guardia Civil. Por último, Victoria de Inglaterra, que también ha hecho un formidable final de encuesta, se queda con el tercer puesto a pesar de ser ella la que realmente mutó como sólo saben mutar las pérfidas mujeres de la antigua Albión. Un fuerte aplauso para las cuatro participantes, pues han luchado y han dado espectáculo de manera excepcional.

La siguiente encuesta se abre desde hoy hasta el próximo día 15 de marzo. En esta ocasión se les pide que contesten a la siguiente pregunta: ¿Cuántos kilogramos de carne consumen en un año? Como carne debemos tener en cuenta la de cerdo (con todas sus variantes charcuteras incluidas), de ave (pollo, pavo, avestruz y pato), de ovino, de caprino y de vacuno. Para esta encuesta dispondrán de un sólo voto por participante, de modo que apunten bien con su ratón. Muchas gracias, y que gane el mejor intervalo.

[Actualización 20:00 - En los comentarios se podría crear un debate interesante al respecto, anímense.]