Querida audiencia, hoy es un gran día. No sólo sabemos que el CD Numancia será equipo de 1ª división la temporada que viene, también hemos de celebrar que Paquito nos trae un texto.
El relato que viene a continuación es, en palabras de su autor, «tan transparente que me extraña que la realidad no lo sea también». De alguna manera, el texto ayuda a comprender su nueva misiva en Cartas de Lucía y Conrado.
Ocurrió en Verlicuit
… y por fin ocurrió. La cantidad de combustibles, biocombustibles y lactocombustibles restantes en el planeta estaba cuantificada, y se preveía su agotamiento para mediados de julio de ese mismo año. Los habitantes de La Tierra ya eran conscientes de este problema y habían ido adaptando sus formas de vida, renunciando paulatinamente a sus medios de transporte, la calefacción, la tostadora y la televisión. En realidad eran conscientes hace tiempo de que debían renunciar a todo, y curiosamente lo que más les dolió fue desprenderse de la televisión. Pero había un plan B.
A pocos años luz de La Tierra estaba el planeta Verlicuit. Por supuesto, éste no era el nombre exacto del planeta, pero los seres humanos lo pronunciaban más o menos así. En él habitaban unos seres a los que se llamó “los verlicuit”. Los verlicuit eran seres un poco más grandes que los seres humanos. Tenían un cuerpo esponjoso, y si les apretabas desprendían una mucosa de olor desagradable. Su sistema de visión se basaba en unos órganos parecidos a unos dientes podridos, y estaban ubicados precisamente donde los seres humanos tenían los dientes. Les encantaba aplaudir y tratar de escuchar si los aplausos tenían eco, aunque paradójicamente aplaudían fatal. Eran una especie tranquila, con un alto valor de la amistad y que disfrutaba de la vida sencilla. Además, se meaban de la risa (en sentido literal, puesto que excretaban mucosa si se reían mucho) cuando un ser humano hacía muecas con la cara. Su favorita era la de bajarse la piel que queda por debajo de los ojos con una mano, mientras con la otra te subes la nariz. A esta mueca la llamaban “la mueca más chistosa”.
Desde que se conoció el problema de la reserva de combustibles, los seres humanos habían ido trasladándose escalonadamente al planeta Verlicuit para iniciar una nueva vida. Todos tenían instrucciones precisas acerca de la clase de vida de los verlicuit, sus costumbres y sus aficiones. Reproducimos a continuación una conversación entre 2 verlicuit que refleja muy bien la acogida que tuvieron los seres humanos:
Parece que has conocido a un ser humano.
Sí, y es muy gracioso. Está todo el día haciendo muecas, y le encanta abrazarme.
Qué bien. Me alegro un montón.
Y yo que pensé que me iba a quedar para vestir santos…
Los seres humanos fueron asentándose lentamente en su nuevo planeta, entablando relaciones con los verlicuit y participando de su vida en sociedad. Además, los verlicuit tenían combustibles, electricidad y televisión. La convivencia con ellos era agradable y valía la pena hacer un pequeño esfuerzo por conocerles. La escena que reproducimos a continuación tiene lugar en el salón de la casa de un verlicuit, que recientemente había conocido a un ser humano:
V: Ya estoy en casa
S.H: ¡Hola! ¿Qué tal ha ido el trabajo?
V: Bien, más o menos bien
S.H: grrlllññññslllñññ…
V: jajajajajaajajajajajajajajajajaja…. ay… para… qué mueca más graciosa…
S.H: ¿te gusta? Pues mira ésta: grrlrrllllmsmsmss…
V: aaaaajajajajajajajajajaja… para, por favor… qué risa
S.H: ¿que pare? ¿quieres que pare? Pues toma: ggrrllllmsmsmsssssmmmñññññññ…
V: aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajajajajajajajajajajaja… eres genial, de verdad.
Los seres humanos habían encontrado una segunda oportunidad, y eran muy felices. Disfrutaban haciendo reír a los verlicuit, y en medio de la dicha que les otorgaba un nuevo planeta repleto de recursos se esmeraban en hacer la vida más agradable a la especie que tan generosamente les habían acogido. Los verlicuit, por su parte, estaban encantados, como se aprecia en el siguiente extracto:
¿Qué es de tu vida, que hace mucho que no te veo el pelo?
Ay, ay… qué risa. Es que estoy casi todo el día con aquel ser humano que te conté
Qué bien. Me alegro un montón.
Está todo el día haciendo muecas. Incluso la mueca más chistosa me hace.
Eso es genial. No me importa verte tan poco si sé que eres feliz.
Soy la mar de feliz, la verdad. Y yo que pensé que me iba a quedar para vestir santos…
Los seres humanos fueron introduciéndose poco a poco en todos los estratos de la sociedad. Al principio eran algo torpes, ya que nunca habían manejado una tecnología como aquella, pero eran tan capaces como el que más una vez asumían los procedimientos de cada tarea. Además, a través de la televisión les llegaban mensajes con instrucciones precisas para adaptarse mejor a la vida en Verlicuit. Los mensajes eran de este tipo:
“Practica un poco de mueca cada día y lograrás que tu piel se ablande y se adapte a las mejores muecas. 15 minutos al día puede ser suficiente. Y si no, prueba este gel ablandador de piel. Recuerda: tus dedos mandan, no tu piel”.
A medida que el ser humano fue ganando competencias en Verlicuit se hizo más independiente, y la necesidad de satisfacer a los verlicuit era menos acuciante. No se podía calificar de desprecio, pero… ¿a quién le gusta que le observen fijamente a través de unos dientes podridos? La siguiente conversación hubiera sido captada por dos transeúntes si la ventana de la cocina frente a la que pasaban en aquel instante hubiera estado abierta:
V: Hola, ser humano. Estabas aquí.
S.H: Sí.
V: No te encontraba
S.H: Es que estaba fuera, briznando el riste viejo.
V: Oh, no te preocupes, podía haberlo briznado yo.
S.H: Qué tontería. Lo he visto ahí y lo he briznado, qué más dará.
V: Haz alguna mueca
S.H: No, qué coñazo con las muecas…
V: Anda, haz una mueca, que sabes que me encanta.
S.H: Qué pesao… luego te hago una, pero ahora no.
V: ¿Me estrujas un poco?
S.H: No, qué asco.
Y así fue ocurriendo con muchas de las grandes amistades que habían surgido en seres humanos y verlicuits.
Algunos de los seres humanos eran ya personajes conocidos que incluso salían en televisión y en revistas. A menudo salían poniendo miles de muecas, haciendo reír a la mitad del planeta con la gran mueca y levantando suspiros entre los verlicuit con afirmaciones como “Me encanta poner muecas”, “Me pasaría el día poniendo muecas, no puedo parar”, o “Adoro estrujar verlicuits e inhalar su mucosa”. Estas afirmaciones, por supuesto, eran puestas en entredicho por la inmensa mayoría de los seres humanos. Uno de los comentarios más asiduos ante este tipo de comportamientos era el de “Tal vez le guste oler mucosas, quién sabe, pero ya me extrañaría. Tal vez diga esas cosas para hacerse popular”.
Con el paso del tiempo, muchas de las relaciones de convivencia entre especies dejaron de tener sentido. Los verlicuits entendieron que a los seres humanos no les entusiasmaba demasiado estar todo el día poniendo muecas. Verlicuits y seres humanos se despedían a menudo con conversaciones de este tipo.
S.H: me he comprado un piso en el centro, me voy esta tarde a vivir ahí.
V: Qué bien. Me alegro un montón.
S.H: Es que estaba un poco cansado de esto…
V: Ya, ya te he visto. Siento haber sido tan pesado.
S.H: Qué va, todo lo contrario. Nunca te agradeceré lo suficiente lo bien que te has portado conmigo.
V: Ni yo a ti las risas que me has hecho pasar.
S.H: Hemos tenido buenos momento, ¿eh?
V: Joer, lo hemos pasado en grande. Espero que volvamos a vernos pronto.
S.H: Eso no lo dudes.
V: Llámame un día y quedamos para tomar mezclina.
S.H: Anda, qué dices, eso no es quedar ni es nada. Este finde te recojo y hacemos una barbacoa como dios manda.
V: ¿Quién es dios?
S.H: Te lo cuento en la barbacoa.
V: Ven aquí, cabronazo. Te voy a echar de menos.
S:H: Me vas a hacer llorar, mamón. Eres el mejor. Ahora podrás ver tranquilo el programa ése de muecas que tanto te gusta
V: Es que me parto de risa. No entiendo cómo no te gusta.
S.H: Ya ves. Oye, cuídate mucho, ¿eh?. Y gracias por todo.
V: Igualmente. ¡Ve con cuidado! ¡Nos vemos!



5 comentarios:
¡Qué adorables los verlicuit!
Enhorabuena por el ascenso del Numancia.
Ciertamente entrañables los verlicuit, sí. Es que hay que quererlos...
Sobre el Numancia, espere que se quede un mínimo del 60% de la plantilla e iremos a la Huefa.
Les estoy preguntando a los romanos que si no tienen miedo de que el Numancia esté en primera, por si su equipo tiene que enfrentarse a los sorianos en Europa (futbolísticamente hablando, claro). Dicen que los numantinos son de armas tomar, que ya se han suicidado varios jugadores ante la posibilidad de un partido contra ellos. Se están haciendo cacota.
Las romanas no dicen nada, se limitan a pesar productos.
Besos trasteverinos (ya casi hablo italiano, ¿no sabes?. Aquí va una frase: "¡ Guarda, en el celo! E un ucello?? Una aero?? ¡no! ¡E Superman!).
¿Todas las romanas están pesando productos?, ¿no hay ninguna preparando calamares? Se pierden las formas.
Ah, se le ha olvidado decir qué quieren decir esas cosas en italiano. Puede ser esto: "¿Forestal salido y un rochán? ¿Están de pedo? ¡No!, ¡y su hijo José María!"
Oiga, esperese unas horas y se lo cuento en persona. (No me responsabilizo de haber escrito mal las palabrejas en cuestión, mi italiano es más de oido que otra cosa, el italiano de bazo no lo capisco niente).
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