Y por fin abrió los ojos.
La habitación era muy extraña. El techo y las paredes no existían, y en su lugar giraba despacio una nebulosa blancuzca que acotaba la estancia. No se sentía cansado ni le dolía la cabeza. Pensó que el cansancio, el dolor de cabeza, el de estómago, incluso esguinces y mocos, no tenían ningún sentido. La confusión, sin embargo, sí que estaba presente. Se palpó la piel y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. No era su piel y nunca había dejado de serlo, pero la sentía extraña como un recuerdo olvidado que aparece sin motivo. Quiso explicarse a sí mismo las diferencias que encontraba en su “nueva” piel, pero parámetros como suavidad, dureza o temperatura no era capaz de entenderlos en ese momento.
Un lento vistazo a la sala le introdujo de nuevo en un mundo tan real para él como lo habían sido los sueños mientras soñaba. Se levantó y no podía asimilar su estatura, ¿era más alto de lo que pensaba? Ni siquiera lo sabía. Sus movimientos eran extraños, se sentía muy rápido, explosivo. Se sentía capaz de recorrer 100 metros en un segundo, pero no era capaz de saber lo que eran 100 metros, pues las referencias que podía tomar no las procesaba con claridad. Superando un inexistente vértigo residual decidió avanzar un par de pasos. El concepto de suelo le parecía un sinsentido y en su lugar estaba la misma nebulosa blanca que lo rodeaba todo. El blanco se concentraba rápidamente poco antes de apoyar el pié sobre el pálido vacío.
Un pitido estridente comenzó súbitamente a penetrar en su cerebro. Sus manos taparon mecánicamente unas orejas que no existían. De un deseo inconsciente de tener orejas, éstas brotaron de su cabeza. Con este hecho no disminuyó su confusión ni el pitido. Quiso comprender el significado del pitido y éste se tornó en palabras que entendía sin llegar asimilarlas. Quiso asimilar estas palabras y encontró su significado.
-Todo está bien. ¿Me comprendes? Todo está bien. ¿Me comprendes?
Había podido descifrar un lenguaje que se le antojó tan primordial como su infancia. Antes incluso que eso. Existió antes que su borroso nacimiento, que la formación de las estrellas y que del bing-bang que creía haber estudiado en la universidad. Quiso responder al pitido que ahora era voz y para ello usó palabras que le resonaban a ruido molesto.
-¿Quién me habla? No comprendo nada, ¿dónde estoy?
-Ahora eres realmente tú. Has sido objeto de un sueño dirigido. Así eres tú.- le respondió la voz.
Quiso saber de dónde procedía esa voz, quiso situarla pero todavía no entendía muy bien las nuevas dimensiones del espacio. La voz contestó a sus deseos.
-Necesitas abrir los ojos para poder ver. No puedes ver nada si no abres los ojos.
Era consciente de la apertura de sus ojos pero no veía más que la nebulosa blanca que giraba a su alrededor. Quiso ver más y la sorpresa le hizo caer al repentino suelo. Dónde antes no había nada, ahora se formaba un mundo completo. Veía una habitación, veía objetos, veía personas, veía ventanas, y a través de ellas, veía cómo la nebulosa iba desapareciendo velozmente en la lejanía, salpicando en su retirada estructuras que parecían edificios. Las personas que le rodeaban le resultaban tan familiares como extrañas, pero no pudo contenerse a correr a abrazar a una en concreto, una que repetía emocionada “¡Sefrén, Sefrén!”.
-¡Mamá! ¿Qué me ha pasado? -dijo abrazándola.
La voz que le había guiado en su nuevo despertar se adelantó a la respuesta de su madre.
-Hola Sefrén, soy Menquer, el responsable del proyecto. Has sido sometido a un sueño dirigido en el que hemos creado para ti un mundo ficticio. Ese mundo no existe en realidad, era injusto y cruel. Ahora puedes estar tranquilo. Creerás haberlo vivido 60 años, pero realmente has soñado durante unas pocas horas. Por favor, cuéntanos tus experiencias en el sueño.
-¿Sefrén es mi nombre? ¿No es Juan Carlos, mamá?
-Te llamas Sefrén, hijo mío.- respondió la madre sin dejar de abrazarle.
-Antes de explicarles aquel mundo quiero comprender éste de ahora- exigió a Menquer, al cual empezaba a recordar con más nitidez.
-El mundo real, en el que nunca has dejado de estar, es justo. No hay enfermedades. Te construimos para el sueño un mundo imperfecto por error. Ya has despertado. Todos las personas somos iguales y nadie te oprimirá. Puedes estar tranquilo, lo importante es vivir, pues hay medios para todos. En unas pocas horas serás plenamente consciente de todo lo que te rodea, ahora es normal que te sientas un poco confuso.
-Entonces, ¿no soy Juan Carlos?, ¿no soy el rey de España?
-No existen los reyes, Sefrén,- continuó Menquer-. Cuando asimiles de nuevo la realidad verdadera, comprenderás que es ilógico que una persona disfrute de ventajas con respecto a otras. Creamos un universo demasiado extremo para ti. En ese mundo pudiste ver mucho sufrimiento, pero cálmate, ha sido un sueño.
Ahora se sentía un idiota por haber pensado que toda su vida soñada podría haber sucedido realmente. Un idiota absoluto. ¿Cómo demonios hubieran aceptado aquello sus presuntos congéneres?, ¿cómo podía ser que él no se hubiera dado cuenta de la sinrazón que suponía tamaña diferencia social sin justificación? Y lo que era más frustrante, ¿en ningún momento sospechó de lo inverosímil que era un mundo en el que podías hablar a tiempo real con una persona que se encontraba a miles de kilómetros usando un aparatito con una antenita?
[Este texto es un fragmento de un texto mayor de ciencia ficción en el que llevo ocupado unos meses. Estaba releyéndolo cuando se me ha ocurrido seleccionar este trozo y adaptarlo para darle un nuevo final que hiciera las delicias de grandes y pequeños]



11 comentarios:
Esta mu bueno, pero por curiosité ¿has leido Myst?
ss
famelio
Ni siquiera lo he oído. ¿Está bien, mi querido Fame?
Ya me lo prestará usted, que además tengo el de divulgación que le dije esperándole.
Debe corregir algo (a no ser que lleve usted 10 años trabajando en el texto). La edad del rey son 70 años y no 60. Ahora que he sacado punta a un texto casi perfecto, le puedo decir que me ha encantado.
Estoy deseando que escriba algo de mala calidad y poder decírselo, para que no parezca que soy imparcial.
"¿para que no parezca que soy imparcial?"
Repase, ande :P
La parcialidad es como todo.
A veeeeeer. Creo que está claro que me he equivocado, pero Otis, usted debe aparentar parcialidad también ¡deje de meterse conmigo, que un error lo tiene cualquiera!.
Matrix Mode: on
Si has mirado el correo, éste no es el comentario que estás buscando...
Yo no necesito aparentar parcialidad, ni lo contrario... pero la verdad es que el texto es muy bueno. Sobre todo eso de los aparatos con antenas...
¿Insinua usted que yo "aparento" imparcialidad?
No se meta usted en el mundo de la gente sin "aparentar" un mínimo de respeto, hombre, que queda feo.
Y yo insisto: la parcialidad lo es todo.
Pues no, porque acabo de leer este texto parcialente y no me he acabado de entenderlo. Igual debería haber cogido las palabras pares en lugar de las impares...
Publicar un comentario en la entrada